Agroecología

1De donde venimos

Soñamos con un mundo en el que los seres humanos recordemos que somos parte activa de la misma Madre Tierra que nos mantiene vivos y como consecuencia actuemos desde ella, con el más minucioso respeto.

Usando como punto de partida el origen del pensamiento moderno en la Europa del siglo XV y el desarrollo gradual de la ciencia económica a finales del siglo XVIII, la percepción de la naturaleza como un conjunto de insumos infinitamente extraíbles y de libre uso fue abriéndose paso en la cultura occidental, desarrollándose hasta la incorporación del capitalismo y la economía como modelo de organización social.

Esta historia nos ha llevado hoy a la encasillada realidad social que abarca casi cada rincón del planeta, la que se denomina racionalidad económica, donde existe dependencia social en el mercado y la mercantilización es libre, pudiendo abarcar hasta la vida misma.

El agroextractivismo es el punto culminante de una sociedad que depende de andar haciendo negocios con la vida. Dicen por ahí – “Quitarle a Pepe para darle a Juan” –, manera sencilla de referirse a la química de reacciones delíricas que catalizamos para transformar, transportar y agotar las “materias primas”, convirtiéndolas en desechos que como sociedad no sabemos manejar y como especie no podemos tolerar; la crisis de esta civilización y nuestro probable autoexterminio zombie.

A tiempo tal vez, en el mundo comienzan a surgir propuestas que no sólo incorporan cambios técnicos y a nivel de insumos en la producción de alimentos, sino que van más profundo, tratando de abandonar el delirio del economicista sobre la agricultura y revalorizan la distinción entre alimentos tecnificados que se consumen para mantenerse vivo y la comida, que se siembra para nutrirse, estar sanos y convivir.

Haciendo lucha por encontrar alternativas al marco del desarrollo sostenible y desarrollo rural (el cual no es más que un proyecto social del capitalismo) y asumiendo la responsabilidad de los efectos socio económicos de la agricultura, más allá de lo que sucede en la parcela, es necesario adoptar cambios profundos y a nivel espiritual.

Entendemos a la especie humana como agente que por naturaleza modifica su entorno según como concibe su realidad. Por ende es vital adoptar una concepción sagrada de nuestro entorno y romper el esquema donde la naturaleza es reducida a una mera reserva externa de materiales y productos.

Como miembros jóvenes de tal especie e hijos de dicha sociedad, la mayoría de nosotros viniendo de un contexto citadino y nacidos casi a la par con la cohorte demográfica del milenio, también conocidos como milenials, observamos en nosotros patrones que reflejan la ansiedad voraz del capitalismo.

Creemos que vivimos una presente crisis socioambiental y que, hoy más que nunca, es vital encaminarnos a construir un espacio en el que se puedan explorar herramientas de transformación personal que nos permitan, a través de un reentendimiento de la naturaleza y nuestro significado como seres vivos en la Tierra, construir un entorno empático, en el que nos sea posible ayudarnos a cambiar patrones de consumo e interacción.

Caminando en el camino: para mantener y construir la salud del monte y las personas

En primer plano, además de procurar la conservación del monte que nos tocó cuidar, el fin es sembrar para el autoconsumo y la salud, colocando en segundo plano (pero sin desechar del todo) el aspecto productivo; evitando así caer en la habitual racionalidad económica.

Con este proceso, buscamos también generar cierta autonomía, autonomía sobre las presiones económicas y autonomía para decidir lo que consumimos y comemos. Buscamos poder, poder rechazar las substancias que nos enjaretan discretamente en los productos empaquetados, poder reducir el consumo de productos del agronegocio industrial que a la vez contribuyen a la generación de residuos difíciles de manejar y carece de respeto por la vida.

Para empezar, durante los últimos dos años, desde que llegamos a este cachito de Yucatán, hemos observado e interactuado con el entorno para adaptar la teoría ecológica a nuestro propio contexto local, escogiendo soluciones lentas y de bajo costo para nuestras necesidades presentes.

Tratamos de hacer caso de los principios prácticos de la agricultura ecológica,

reciclando los nutrientes mediante baños composteros, compostas, biofertilizantes y aves de traspatio. Así cerramos el ciclo de nutrientes, regresamos a la tierra lo que hemos tomado de ella y de paso reducimos nuestra dependencia de insumos externos. Procuramos rotar los cultivos para dejar a la tierra descansar y promovemos la diversidad de microorganismos del suelo, insectos y plantas. De esta manera no sólo diversificamos nuestra dieta sino que procuramos un balance que ayuda a prevenir el surgimiento de plagas.

Nuestro contexto Yucateco es muy diferente al que estábamos acostumbrados en el centro del país. Aquí hay poca tierra y muchas piedras, el suelo tiene pocos nutrientes, se compacta y hace mucho calor. Es por esto que algunas ideas iniciales no nos han funcionado, hay algunas otras que van a su propio ritmo y requerimos más composta y sudor del que habíamos podido imaginar.

Lo bueno es que no estamos solos, hemos podido aprender y poner en práctica el saber y la experiencia de nuestros amigos Luis y Valentín, campesinos y expertos en monte yucateco. Junto con ellos, hemos encontrado por nosotros mismos que el conocimiento generado por la elite científica no es el único válido y verdadero.

Dicen que la agroecología puede abarcarse desde tres perspectivas: la investigación científica, la experiencia campesina y la actividad socio-política. Así que permanecemos abiertos a dicha investigación científica, pero tratamos también de recuperar el conocimiento tradicional y valorarlo como es, igualmente experto.

De esta manera, trabajamos para proveerle al CAAOZ (centro de agroecología, artes y oficios Zutut Ha) los huertos, solares, milpas, parcelas, bosques y agroforestales que necesita para mantener saludables a los seres que materializan el mundo con el que soñamos.

Desde el corazón de la selva,

Comunidad Zutut Ha